La dirección de obra se puede considerar como la actividad más importante de la fase de ejecución del proceso edificatorio. La dirección gobierna, rige, da reglas y órdenes para la utilización de múltiples recursos, con objeto de construir la obra en un lugar concreto y de acuerdo con un proyecto previo.
Como cualquier otra profesión, la del arquitecto está llena de luces y sombras. Es luminoso el fruto final, plasmado en forma de unos cuantos edificios que, en todas las edades y por todas partes, han ido dejando el rastro de sus autores, contribuyendo de modo significativo a los rasgos definitorios de las civilizaciones. Pero tambien hay una mirada de ellos destinados a su desaparicion y al olvido tras ser usados. Unos y otros sirven y serviran a las actividades de los hombres, desde las mas elementales a las mas grandiosas. A veces, el fruto final tiene nombre de autor. Muchas otras veces no lo tiene: la Arquitectura es anonima, porque la Historia es veleidosa, esta escrita por hombres; y suele ser otro tipo de hazañas, obras o acontecimientos los que merecen un lugar mas destacado que los rincones en los que solo hurgan los especialistas, y no el gran publico. Asi, la mayoria de los arquitectos debemos conformarnos con ocupar esos rincones polvorientos de los libros de Historia, y eso en el caso de llegar a ocupar alguno... La aspiracion es comprensible, pero algo pretenciosa, si se tiene en cuenta lo grande que es la humanidad.