Las palabras con las que Javier Vidal (Segovia, 1979) inicia su primera novela, sitúan al lector en un punto de partida paradójico y a la vez revelador del tema principal de la obra: la muerte y, en obligada consonancia, las vicisitudes de la vida. El suceso inicial desemboca en el viaje introspectivo de un protagonista que desafia los interrogantes mas puramente existenciales desde un nuevo punto de vista, palpando con precision cuestiones trascendentalmente humanas, con vocacion reflexiva y con un notable ritmo narrativo.Aunque este tipo de novelas ofrezca siempre la posibilidad de asimilar al protagonista como alter ego de su creador, la profundidad en la descripcion de las emociones hace inevitable percibir cierta esencia autobiografica.
El impresionante crecimiento económico valenciano es reconocido y valorado en un libro que, más allá de las 100 biografías de sus artífices, describe la sociendad valenciana actual.
En un giro tan surrealista como inquietante, la segunda novela de Javier Vidal imagina una realidad alternativa en la que David Foster Wallace nunca se suicidó.Tras un segundo intento fallido, su amigo y rival literario Jonathan Franzen interrumpe el destino tragico del autor de La broma infinita y, a partir de ahi, se abre una historia de recuperacion tan absurda como profundamente humana: robos de manuscritos, globos aerostaticos, familias rotas y un retiro mistico en la selva peruana.Entre el delirio y la lucidez, los personajes de esta novela buscan algo que todos tememos confesar: una forma de vivir sin miedo a parecerse demasiado a los demas.