Heinrich Schliemann (Prusia 1822-Italia 1890) se dedicó a su gran pasión: la arqueología. Excavó el emplazamiento de Troya1en Hisarlik, y en otros yacimientos homéricos como Micenas, Tirinto y Orcómeno, demostrando que la Ilíada describía realmente escenarios históricos.
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La apasionante vida de Heinrich Schliemann, el descubridor de Troya, es una mezcla perfecta entre carácter y destino, según se desprende de su propio relato, una vida homérica. Tras una infancia que parecia indefectiblemente abocada a realizar grandes hallazgos de tesoros ocultos, todo parecio borrarse en su azarosa vida de juventud, llena cie vaivenes, desgracias (incluido un naufragio en las costas de Holanda) que solo podian hacer adivinar un futuro de mediocridad. De ese periodo salva el propio Schliemann su aficion y metodo tenaces para ir adquiriendo idiomas, de los que llego a dominar quince y fueron la base de su facilidad para los negocios internacionales con los que amasaria su fortuna. Solo su pertinaz empeño, ya en la madurez y como millonario hombre de negocios, le permitio virar el rumbo de su vida para realizar aquellos hallazgos soñados a la busqueda de los lugares homericos: los restos de Troya, el tesoro de Priamo, la mascara de Agamenon... La historia de sus excavaciones, de sus publicaciones y sus resultados tampoco estan exentas de incidencias con las autoridades turcas o la comunidad academico-cientifica, en definitiva, con esa patina entre azar y decision que marco su propia vida y el relato que hizo de ella.Heinrich Schliemann fue un millonario prusiano que, tras amasar una enorme fortuna como agente comercial y exportador de materias primas y metales, en la que fue de suma Importancia su enorme facilidad para las lenguas, se dedico al sueño que le marcaria desde su infancia: la arqueologia homerica. Con un empeño por muchos calificado de ctitanico" comenzo a realizar excavaciones en los lugares que identificaba con las gestas de los poemas homericos hasta realizar su gran hallazgo: los restos de la ciudad de Troya. Tras su muerte, su viuda, Sophia Schleimann, y su amigo, Adolf BrCickner, ambos compañeros de sus andanzas, hallaron unos textos con los que pudieron componer y dar a imprenta en 1892 esta autobiografia.
«Cuando, en Kalkhorst, aldea del Mecklemburgo-Schwerin, a la edad de diez años, entregué a mi padre, como regalo para la Navidad de 1832, un relato, en un mal latín, sobre los principales acontecimie
«Doy gracias a Dios porque nunca me ha abandonado la firme creencia en la existencia de Troya» La vida y los viajes de Schliemann tienen algo de predestinación y algo de obstinación, tal vez a part