Pelos en el bidé es una novela corta de carácter escatológico, humorístico y existencial, narrada en primera persona desde la perspectiva de un fontanero entregado de lleno a sus dos pasiones: su abnegado trabajo y su vocacion como entrenador de futbol en categorias inferiores.El titulo ya anticipa el tono provocador y directo de una obra que combina las descarnadas reflexiones personales del protagonista con escenas de su actividad cotidiana entre tuberias, cargadas de sarcasmo e ironia.El estilo narrativo destaca por su ritmo agil, coloquial y deliberadamente desinhibido, con una voz protagonista muy marcada, que se dirige al lector sin filtros, como si se tratara de un monologo interior. A traves de capitulos breves y con un ritmo frenetico, trufado de humor negro, el narrador comparte pensamientos sobre el deseo, el desamor, el erotismo, la insatisfaccion, la imagen corporal y el paso del tiempo, todo ello atravesado por una mirada profundamente humana y, a ratos, corrosiva.La obra oscila entre lo absurdo y lo lucido, y consigue momentos de gran autenticidad emocional sin perder nunca su tono punzante. Se apoya en referencias a la cultura pop y a la propia contracultura, con una banda sonora siempre presente a lo largo del texto, cuyos acordes van de un punk nihilista al rock and roll mas transgresivo.
Ignacio, Aníbal, Santiago y Gustavo se conocen desde la infancia, y forman una especia de clan de costumbres relajadas y poco convencionales. Suelen alternar en un tugurio de barrio conocido como La Casa del Vicio, que es regentado por el ultimo de ellos, Gus, cuya faceta de psicologo llama la atencion por su extravagancia. Anibal trabaja como vigilante de seguridad, y tiene una malsana aficion a las armas de fuego, lo que terminara ocasionandole un grave problema de consecuencias imprevisibles. Mantener lejos del alcance de los niños es algo mas que una señal imperativa en un envase o en un artilugio electrico: es un relato a medio camino entre la novela policiaca y una critica de la vida en esta opresiva sociedad de consumo, donde las cosas pasan con extraordinaria rapidez, y todo lo que no sea ganar, superar, medrar o presidir es comunmente admitido como un rotundo fracaso, lo cual no es cierto. Tambien es una añoranza sutil de los tiempos que pasaron, tan lejanos en el recuerdo pero tan cercanos en el tiempo, tempus fugit velut umbra.