Estas gacetillas recogen con recato y timidez, las reflexiones humanísticas y espirituales de un gacetillero, que se tiene por un buscador y nada más, desde lo inesperado e incierto del vivir.Se adentran en el pequeño milagro cotidiano de la vida corriente y moliente; del disfrute de los sencillos placeres de la existencia, mientras tratan de vislumbrar, un dia y otro dia, lo extraordinario de lo ordinario. No hay mas. Si acaso, atreverse a transformar las respuestas en preguntas, con tanta sinceridad como deseo de caldear algun corazon amigo, en la indulgencia y la escucha compartidas. Que nadie busque aqui profundas evocaciones existenciales, porque no las encontrara; perdera su tiempo, que es todo cuanto tenemos y nos va a hacer falta tener. Lo que contienen estas paginas son mas dudas que evidencias; humildes pensares y sentires, expuestos con respeto, desde una espiritualidad de los sentidos y del eterno presente. De este ahora, que fluye infinitamente, llenando cuanto puede de vida, bondad, amor y anhelo de trato con el Creador, a partir de la pobreza y la fragilidad de quien esta hecho de carencias para iluminar y transformar su vida y el mundo. Aunque no por eso deja el autor de cultivar la alegria, mientras camina esperanzado, de sorpresa en sorpresa, como peregrino que nada exige y todo agradece.
Émile no es un gato cualquiera. Para empezar, te mira como quien siente todo de todas las maneras. Transmite serenidad y calma. Definitivamente, se trata de un gato distinto. No sólo no caza ratones, sino que le encanta el yoga. Mejor dicho: Es un yogui. Solo hace falta verlo como hace la postura del gorila, la de la cobra o la del dragon... y ¡hasta la del perro, que ya es decir! En esta no hay nadie que se le iguale.