Fausto de Riez, originario de Britania, fue en el año 433 el tercer abad del monasterio fun-dado por san Honorato, a principios del siglo V, en la isla de Lerins. Alrededor del año 460 fue elegido obispo de Riez, ciudad en los Alpes provenzales, donde vivio hasta su muerte, alrededor del año 495. Fausto es uno de los representantes de la refinada cultura lerinense, en cuya biblioteca se encontraban las obras mas valoradas de la literatura latina y, especialmente, de la teologia y la espiritualidad de su tiempo. Hilario de Poitiers, Ambrosio de Milan, Agustin de Hipona han dejado una huella en la teologia trinitaria del reiense, en la que se aprecia tambien, por la mediacion de Casiano y Rufino de Aquileya, un eco de los mejores logros del pensamien-to oriental. En su tratado sobre el Espiritu Santo, Fausto muestra una madurada asimilacion de la doctrina trinitaria en la que prevalece un principio determinante: no solo por la Escri-tura sino precisamente por su accion en las almas se conoce al Tercero de la Trinidad. Asimismo, su epistolario, formado por doce cartas de distinta extension, contiene enun-ciados relativos a la Trinidad, la cristologia y la doctrina de la gracia, la corporeidad de las almas y a otros de caracter ascetico sobre la vida monastica y la penitencia. Sin duda, la lec-tura del tratado de Fausto y del epistolario ofrece una panoramica en miniatura de las cues-tiones teologicas del siglo V. Ofrecemos la primera traduccion al castellano de estas dos obras.
Este volumen incluye Memoria sobre mis primeros veinte años y Memoria en torno a mis escritos. Ambas Memorias nos permiten conocer la vida y la obra de Henri de Lubac desde su nacimiento en 1896 hasta el final de su periodo militar en 1917, y desde el comienzo de su vida como profesor en 1929 hasta 1981. Inspirado por su amigo y compañero Pierre Teilhard de Chardin, Henri de Lubac no escribio unas memorias autobiograficas al uso, sino que hizo memoria de su formacion intelectual y de su labor como profesor y teologo. Guiado por las inquietudes de algunos amigos, al igual que Agustin escribio sus Retractationes y Newman su Apologia, lo hizo con la conciencia de ponerse en presencia de Dios. Asi, ambas Memorias nos ofrecen un rico panorama de su produccion teologica, asi como una explicacion de las circunstancias, personas y acontecimientos que la acompañaron. A traves de este volumen, el lector no necesariamente versado en el quehacer teologico puede acudir, sin sentirse desorientado, a las fuentes de una teologia plena y santa, obra de la fe y del amor antes que de la inteligencia, pero que porta consigo una inteligencia capaz de abrazar cuanto se conoce por la fe y el amor, la plenitud de Dios en Cristo y en la Iglesia.