Las botas del dictador no pisan, pisotean, destruyendo cuanto encuentran a su paso. Insospechada facultad, también vociferan, vomitan edictos, prohibiciones y gases mortíferos. Todo ha de doblegarse a su ansia de poder, hasta que el globo terraqueo sea un balon bajo sus suelas y den por ambicionar el mismo sol. Pero ¿quien las calza? Nadie, ellas hacen en realidad al dictador, solo la ignorancia de unos, la complicidad de otros, prestos a sacarles brillo, dan cuerpo a un gran vacio, simple muerte enmascarada.