En la Roma de comienzos del siglo XVII, entre taberneros y marqueses, prostitutas y cardenales, tahúres y mercaderes, Caravaggio derriba los cánones y prende fuego a los prejuicios. Sus modelos provienen de burdeles, cárceles o tabernas; su vida transcurre entre tertulias regadas con vino y peleas a la vuelta de cualquier esquina. Perdido en la voluptuosidad del desafío y siempre dispuesto a ir contra corriente, es un condenado con manos de ángel y un pecado atormentado por sus obsesiones. Una de ellas lo visita cada vez con más frecuencia en sueños: Acherontia, la mariposa negra, que el artista, en un ritual de exorcismo, quiere plasmar sobre el lienzo.