La iglesia cristiana primitiva era un caos de creencias enfrentadas. Algunos grupos reivindicaban que no había solamente un dios sino dos, doce o trece. Otros creían que el mundo no había sido creado por Dios sino por una deidad menos e ignorante. Habia sectas que mantenian que Jesus era humano pero no divino, mientras otras decian que era divino pero no humano. Todos los grupos insistian en que sostenian las enseñanzas que Jesus y sus apostoles, y lo confirmaban con libros supuestamente escritos por los propios discipulos de Jesus. Ehrman recupera un conjunto de textos clave a partir de los cuales nos muestra espectaculares descubrimientos realizados por la arqueologia moderna. Se nos revela una amplisima diversidad religiosa cuya existencia pone en entredicho la objetividad historica. Basado en una investigacion minuciosa y brillantemente escrito, Los Cristianismos perdidos constituye un amplio informe sobre la politica, el poder y los conflictos de ideas entre los primeros cristianos, en las decadas previas a que un unico grupo impusiera su canon sobre los otros.
Aun en nuestros días, tras la lectura de un pasaje de la Biblia se suele decir “palabra de Dios”, como si lo que está escrito en el Nuevo Testamento fueran las palabras exactas que pronunció Jesucris