David Le Breton (1953) es sociólogo y antropólogo, profesor en la Universidad de Estrasburgo y autor de, entre otros libros, Antropología del cuerpo y modernidad, Antropología del dolor o El silencio. Ha publicado también numerosos artículos en revistas y obras colectivas. Es uno de los autores franceses contemporáneos más destacados en estudios antropológicos.
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No hay presunción vanidosa ni entusiasta alegría que no pueda derrumbarse estrepitosamente con la imprevisible llegada del dolor. Encrucijada dramática para todas las convicciones humanas y lamento igualitario que humilla a todos los cuerpos por igual; el dolor es al mismo tiempo, el gran testigo de la fragilidad humana y la proclamacion de un poder cuya inminencia no lo hace menos extraño y temido.La reflexion sobre el dolor, siempre postergada y finalmente impuesta, puede anticiparse a la resignacion o a la desesperacion. Aunque cada tradicion cultural enseña a entenderlo, intentando asi gobernar su significado, aquel acaba por imponer al cuerpo una realidad nueva, y genera asi un estado que altera radicalmente la identidad y la conciencia. La minuciosa aproximacion a la genesis cultural del dolor nos desvelan las limitaciones del organismo humano y su pobreza de recursos ante una de las inevitables citas de la vida. Las suposiciones de la medicina, los consejos de la tradicion, las investigaciones del psicoanalisis, las instrucciones de la religion, se reunen en este volumen como el sumario de lo que conviene saber para descifrar la naturaleza del sufrimiento y sus infinitas variedadesLe Breton nos conduce en su nueva obra a una mirada distinta sobre el dolor, un cuestionamiento nuevo, lejos de las meras preocupaciones de la medicina. Se esboza aqui una nueva vision distinta de comprension de los universos terapeuticos El dolor es siempre una apertura al mundo y el libro de David Le Breton nos lo muestra de modo claro y pertinente (Histoire et Anthropologie).
El hombre está afectivamente en el mundo. La existencia es un hilo continuo de sentimientos y emociones que se mezclan, se suceden y se contradicen según las circunstancias. Las emociones no son espontáneas: están ritualmente organizadas; reconocidas en uno mismo y señaladas a los otros, movilizan un vocabulario, movimientos precisos del cuerpo. Cada sociedad desarrolla una cultura afectiva propia. Esta obra traza una antropología de las emociones; esto es, se interesa en la manera en que éstas se construyen social y culturalmente. El actor ofrece una asombrosa ilustración de la forma en que los hombres se apoderan de los signos para vivir y dejar ver sus emociones. Sin sentirlas, las traduce ante un público que las comprende, al mismo tiempo que conoce el artificio del espectáculo. ¿Cuál es el estatus del cuerpo en la comunicación? ¿Cómo se viven las sociedades en tal grupo o tal estructura? ¿Cuáles son las ritualidades de la mirada? ¿Qué es el oficio de actor? Son éstos los diferentes capítulos de una antropología del cuerpo, abordada por esta obra con el hilo conductor de las emociones.
El campo de estudio de la sociología del cuerpo es la corporeidad humana como fenómeno social y cultural, materia de símbolo y objeto de representaciones y los imaginarios. Las acciones que tejen la trama de la vida cotidiana, desde las más banales e inadvertidas hasta las que se producen en la escena pública, implican la intervención de la corporeidad. El cuerpo, moldeado por el contexto social y cultural en el que se sumerge el actor, es ese vector semántico por medio del cual se construye la evidencia de la relación con el mundo.
Nos dice el autor en la introducción: "En los primeros capítulos analizaré la historia occidental de las marcas corporales, especialmente los tatuajes. En los años sesenta, los tatuajes eran una forma popular, esencialmente masculina y algo transgresora, de mostrar una singularidad radical y la disidencia con la sociedad burguesa, y eran comunes en el pueblo trabajador: obreros, camioneros, marineros, soldados, y tambien en delincuentes. A los matones les interesaba mucho como una forma de afirmar su virilidad, de ahi que los graficos sean a menudo pornograficos y machistas. Todo cambio a partir de los años ochenta. Se abrieron cada vez mas boutiques en pueblos y ciudades, y los tatuadores se convirtieron en artistas del cuerpo, con diseños graficos mas elaborados y esteticos que en los primeros tiempos del tatuaje. Hoy, una actitud consumista esta popularizando los tatuajes por todo el mundo. Banalizado, ya no oculta nada subversivo, es la afirmacion de una estetica de la presencia, una busqueda de la belleza que afecta a todos los grupos de edad, pero sobre todo a las generaciones mas jovenes, independientemente de su estatus social, y atrae tanto a chicos como a chicas." El libro da voz a las personas implicadas, "intercalando testimonios en ciertas partes del texto. Mi investigacion ha sido exhaustiva. Ademas de la observacion personal y los encuentros informales, consistio en mas de cuatrocientas entrevistas con personas tatuadas, con piercings o con escarificaciones (cuyos nombres de pila se han cambiado en ocasiones). Estas entrevistas proceden de varios años de investigacion llevada a cabo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Estrasburgo y de varios encuentros personales con tatuadores y piercers." Finaliza diciendo: "Esta moda mundial por los tatuajes es uno de los signos mas llamativos de la transformacion del estatus del cuerpo en nuestras sociedades de individuos. El cuerpo es ahora un espacio que puede ser visto y leido por los demas. A traves de la piel se nos nombra, se nos reconoce y se nos identifica con nuestra pertenencia social."
Caminar es una evasión de la modernidad, una forma de burlarse de ella, de dejarla plantada, un atajo en el ritmo desenfrenado de nuestra vida y un modo de distanciarse, de aguzar los sentidos.David Le Breton mezcla en Elogio del caminar a Pierre Sansot y a Patrick Leigh Fermor, pero tambien hace que Basho y Stevenson dialoguen sin preocuparse por el rigor historico, pues el proposito de este exquisito libro no radica ahi, se trata solamente de caminar juntos, de intercambiar impresiones, como si estuvieramos en torno a una mesa en un albergue al borde del camino, por la tarde, cuando el cansancio y el vino nos hacen hablar."Un emocionante breviario sobre una manera de estar y comportarse en el mundo. Un catecismo laico para caminar, para no dejar nunca de pensar en medio de este mundo ruidoso y automatizado".Cesar A. Molina, ABC Cultural"Delicioso tratado de lo que sucede cuando a un pie le sigue el otro, y al otro le sigue una idea, y a la idea, un pensamiento, y al pensamiento, una reflexion".Heraldo de Aragon