Aprisionados en una banca dentro de un salón de clases donde se les prohíbe hablar, muchos niños siguen padeciendo prácticas educativas anquilosadas que no tardan en sofocar su creatividad y sus deseos de aprender. Sin embargo, esas mismas aulas podrian transformarse en espacios donde los pequeños expresaran sus ideas y vivencias, discutieran, deliberaran. Tales actividades, si bien estan peleadas con las concepciones dominantes de la enseñanza, son decisivas para una accion formativa en sentido amplio. De hecho, la experiencia de los estudiantes, la que adquieren en la escuela y fuera de ella, es la piedra angular de la funcion de aprendizaje y lo que finalmente da sentido a cuanto cada niño hace, piensa, lee, escribe, discute. Es, en pocas palabras, el sosten de todo conocimiento.Naturalmente, tambien para los docentes la experiencia personal es origen y referente del proceso de conocimiento. Esta obra apela a la autonomia relativa de cada profesor ante su practica para que la conciba como un efecto de la reflexion autocritica, que, entre otros beneficios, le permita ubicar los origenes de algunos fracasos y efectos perniciosos del quehacer educativo, a fin de combatirlos y evitar incurrir en ellos. Uno de estos lados opacos de la labor magisterial consiste en disociar teoria y practica. La propuesta central de esta obra permite reconciliar el pensar con el hacer y ayuda al enseñante a mantenerse alerta respecto de la unidad indisoluble entre todos los componentes de una practica pedagogica apropiada.