Franz Overbeck fue el amigo más fiel y constante de Nietzsche. Cuando el filósofo fue doblegado por la locura en las calles de Turín, Overbeck fue a buscarlo y lo acompañó a lo largo de los años de mutismo, hasta que la hermana del filósofo lo separó definitivamente del mundo. En este libro, que relata algunos de los episodios más reveladores de la vida de Nietzsche, Overbeck no pretende ofrecer un análisis filosófico de su obra, sino mostrar a Nietzsche en tanto que hombre: un hombre en minúscula, un pensador colosal de vida insignificante, capaz de alojar, como todos los hombres, miedos y gestos vanos; un hombre que también podía ser caprichoso o verse incapaz de sobrevivir a una velada en compañía de mujeres bellas o atrevidas o ambas cosas a la vez. A lo largo de este testimonio único, traducido por primera vez al castellano, el Nietzsche que vemos es siempre el ser humano y desnudo, el amigo turbulento y autodestructivo, ese que era, al mismo tiempo y según las propias palabras de Overbeck, «un portento ante el que me he inclinado una y otra vez».
Franz Overbeck no pretende ofrecer un análisis filosófico de la obra de Nietzsche, sino mostrarle en tanto que hombre: un pensador colosal de vida insignificante, capaz de alojar, como todos, miedos y gestos vanos. Asi descubrimos que su soledad es la de cualquiera; que su anhelo de grandeza es el de todo talento egolatra, torpe hasta la ternura en el manejo de uno mismo; y que su deseo de una vida autenticamente filosofica es una maquinaria que se atasca en las largas jornadas de este animal violento y maravilloso. ¿Pero quien podria adentrarse de verdad en los dominios del lobo y compartir su hambre, rebañar sus huesos, ignorar su furia? Overbeck lo hizo y, gracias a el, tambien nosotros descubrimos al hombre que dijo ser dinamita pero que nunca dejo de ser un hombre.