ISABEL ABAD nació en Barcelona. Es Profesora agregada de Lenguas Clásicas y Humanidades. Compagina su ejercidio docente con el trabajo de creación y traducción. Ha recibido diversos premios poéticos, entre los que citaremos: "Ambito Literario", "Ciudad de Toledo", "Juan Boscan", "Carmen Conde", "Ciudad de Martorell", "Alcaravan" y "Vicente Aleixandre". Una parte de su obra ha sido traducida al frances y al polaco. Tiene publicados los siguientes libros de poemas: Motivos de islas (1980); Tiene un paseo azul la llama que sostengo (1982), El alma en la memoria (1983); Dios y otros sueños (1985); Los hombros del oro (1988); De espaldas a mis ojos (1993) y Me nombro umbria (1998). _ Memoria de tu mano Tu mano y esa mia que le ofrece por patria y por paloma residencia, cascada que al compas de su cadencia tu noche entre mi noche desvanece. Tu mano que en mis ojos amanece y al parpado promete su presencia, ¡desatala, amor mio, de la ausencia clavada donde el muerdago florece! Cuando la herida blanca del cabello descienda, ya fraterna y vespertina, a hilar sobre nosotros su destello, Sera que se habra vuelto golondrina en el zorzal de besos de mi cuello, tu mano de mi mano peregrina.
Boca sin luz
Incendio o tentación,
tarde que en invisible tacto te acostumbras
a la abierta granada del crepúsculo,
¿en qué rincón de mí,
boca sin luz, labranza del delirio,
se hace misericord
La poetisa catalana Isabel Abad, Premio Carmen Conde 1985, viene a sumar con este nuevo libro un éxito más a su ya definida e interesante obra. DE ESPALDAS A MIS OJOS, está dedicada a la memoria del padre. Ella misma nos dice: "Procure estos versos del sueño de la muerte, habil en el pesar, mil veces diestra en su tejido impio. Enamorada de la gracia sustantiva del dolor, la vida se me habia muerto en el don de mi propio reconocimiento. Si halle seduccion y calma, si repeti genuina al transito a la luz, doy fe de mi renacimiento en el tejido denso de estos poemas". Un libro tan bello como humano, tan pleno de fuerza poetica como hondamente conmovedor. _ Tan ancha era la noche Pude romper el alba, anochecida, amamantar palomas en mi pecho seducir la mañana por despecho a todas las cascadas de mi herida. Parecerme al otoño, tan llovida, enjaezarte de mi, yegua o barbecho, tan ancha era la noche y tan estrecho, el transito de tu alma por mi herida. Ya pedazo de luz, mas no lucero, o azul tobillo de sirena triste, aprendi el mar de tu bogar primero. Toro que el rojo del amor embiste, despues de abrirme arena y tentadero, de mi halito en la boca amaneciste.