«La buena razón era alzar nuevas tribunas, hermanar ambiciones, modelar urbes sin cepos a la naturaleza, contagiarnos ágoras. Nos pusimos manos a la obra, pero, una y otra vez, lo que nos salían eran absolutas verdades, constantes iglesias con bancos largos y duros, púlpitos sin rosca y baptisterios.»
En el preciso instante en el que saltador sale del agua, aún aéreo tras su paso por campana, esto es lo que nos dice: yo, vosotros, hemos estado allí arriba. No importa cómo: basta con que estemos ju