Antes de la contaminación, Los Ángeles representaba un soleado, alegre paraíso donde la vida era sencilla para generaciones de americanos. Su atractivo era incluso más intenso en los años treinta para los europeos con razones mas urgentes para mirar en direccion oeste. Desde el momento en que Hitler llego al poder en 1933, se produjo un flujo continuo de alemanes liberales y judios -entre ellos la elite de la cultura- que necesitaban un punto de reunion para construir una Nueva Weimar y preservar la cultura germana frente al Holocausto. Los Angeles cumplia los requisitos.John Russell Taylor, biografo de uno de los mas distinguidos emigrantes, Alfred Hitchcock, relata en su nuevo libro las diversas suertes de este variado grupo.
Antes de la contaminación, Los Ángeles representaba un soleado, alegre paraíso donde la vida era sencilla para generaciones de americanos que siguieron el consejo de Horace Greeley: "¡Ve a