José María Triper, madrileño de nacimiento pero segoviano y cordobés de origen, es periodista de profesión y poeta porque le sale de dentro. Licenciado en Ciencias de la Información, es corresponsal económico del diario El Economista, columnista económico de El Adelantado de Segovia, en la revista Moneda Única y de Gestiona Radio. En su trayectoria profesional ha pasado por puestos de responsabilidad en Información de Alicante, Cinco Días y Segittur, además de firmar como colaborador habitual de Expansión y El País Negocios. Galardonado con los premios de periodismo del Club de la Energía (1990), de la Federación de Industrias del Calzado (1990), de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid (1997) y del Club de Exportadores e Inversores Españoles (2003), ha publicado también dos libros sobre historias de emprendedores españoles de éxito internacional, editados por el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX). Como poeta ha sido galardonado con el Premio Internacional de Literatura Gustavo Adolfo Bécquer en 2014 y publicado los poemarios Canciones para un recuerdo (1977), La noche de la espera (2010), Mientras muere la tarde (2011) y Aunque sea solo (2013). Es también autor de los textos en prosa poética del libro Campos de Castilla, paisaje poético machadiano, en colaboración con el fotógrafo segoviano José María Díez Laplaza Pototo.
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Yo no quiero ser tan pretencioso como para atribuirme el saber a qué poeta elegiría el Todopoderoso si quisiera dirigirse a los humanos, pero sí creo que acertaría al afirmar que si quisiera leer poesia se decantaria por poetas como Becquer, Machado, Whitman, Kavafis o Pasternak. Poetas que hablan a los sentimientos con un lenguaje llano, sencillo y directo pero hermoso, intentando conmover mas que maravillar, y desprovistos de parafernalias, grandilocuencias, normas, reglamentos y servicios. Poetas que desde la sinceridad profunda de sus versos sueñan con la libertad y se dirigen a los hombres libres, aquellos capaces de amar, de soñar y de sentir desprovistos de prejuicios y ataduras.Yo no quiero ser tan pretencioso como para atribuirme el saber a qué poeta elegiría el Todopoderoso si quisiera dirigirse a los humanos, pero sí creo que acertaría al afirmar que si quisiera leer poesia se decantaria por poetas como Becquer, Machado, Whitman, Kavafis o Pasternak. Poetas que hablan a los sentimientos con un lenguaje llano, sencillo y directo pero hermoso, intentando conmover mas que maravillar, y desprovistos de parafernalias, grandilocuencias, normas, reglamentos y servicios. Poetas que desde la sinceridad profunda de sus versos sueñan con la libertad y se dirigen a los hombres libres, aquellos capaces de amar, de soñar y de sentir desprovistos de prejuicios y ataduras.
José María Tripper es uno de esos escritores de mirada limpia que quita la venda de los ojos. De encuentro y desencuentro con todas las cosas y pesares, capaz de bordear el abismo,
Mientras muere la tarde es el tercer poemario de José María Triper, que fundamenta su obra sobre una metáfora. En este libro se puede señalar la continua aparición de un tiempo mejor. Su actitud antirretorica es una estrategia diseñada para hacerse entender. Una forma de reaccionar contra el lado mas sentimentaloide del romanticismo. Todo esta expresado en un lenguaje sencillo, con la voluntad de una formula escueta pero plagada de simbolismos. Jose Maria Triper tiene porte y enganche. Esa "cosa" que llega a los demas. Su poesia tambien. En ella se descubre una postura de fascinacion hacia la armonia, la hermosura, la independencia y la libertad. Tambien, hacia la busqueda de lo eterno porque la muerte es absurda, lo absurdo de desaparecer y no ser nada. Jose Maria Triper no trampea. Vive conscientemente. Escribe conscientemente. Respeta la realidad sin evadirse ni negarla. Se acepta. Y aceptarse es comprender y experimentar, sin negarlos ni rechazarlos, nuestros verdaderos pensamientos, emociones y acciones. Ana Delgado
Este paisaje de Triper nos adentra en el escenario de grandezas y miserias que humaniza la ciudad. Un gato negro, elegante, que sestea en los alfeizares de las ventanas, se cruza y no de manera fortuita, en el recorrido por esas calles imagianrias por las que el poeta nos invita a acompañarle