Josep González Ribera (Picassent, 1981). Tras haber publicado artículos en publicaciones tan diversas como Acontecimiento (revista de la Fundación Emmanuel Mounier) o rebelion.org, este poeta y, en general, escritor valenciano, se ha volcado en el ámbito poético, siendo este, como indica —de manera ciertamente poco original— su título, su cuarto libro en tal dirección, tras la publicación de Las falsas imágenes en Libertarias, y La línea de sombra y Tomar la pluma en Alhulia. Continúa escribiendo poemas, mientras explora también, en vista de publicaciones futuras, otros géneros como el relato, el ensayo, el teatro, o incluso géneros mixtos que reúnen un poco de todos ellos. Fue estudiante de Ciencias Políticas en sus tiempos universitarios.
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Quizás la función del poeta sea la recuperación, cual joyas preciosas, de pequeños fragmentos de verdad, sentido o belleza que no nos detenemos a contemplar en nuestras vidas siempre atareadas caracterizadas por la incomunicacion, el individualismo o la velocidad. Fragmentos enterrados pues bajo el cansancio, el hastio, la reduccion a lo utilitario, el escepticismo, o la reduccion de todo a valores monetarios, que estan tan presentes en nuestros tiempos de turbocapitalismo y posmodernidad. Es eso lo que se vislumbra en la obra de Josep Gonzalez Ribera, en sus libros anteriores y en este ultimo, dividido en tres conjuntos de poemas. Un primer conjunto, tomando prestado el titulo de una cancion de ese grupo mitico que fue La Mode (quienes posiblemente tomaran el titulo de Simone de Beauvoir, pero eso ya no nos importa), habla de la mujer y el amor. Un segundo conjunto se interroga sobre las luces y las sombras de nuestra existencia. Un tercer conjunto intenta responder a como, ciertamente de forma profunda y existencial, acontecimientos exteriores a nosotros, pero producidos en gran medida por la civilizacion que nosotros hemos hecho, nos afectan.
«Si no es esta vez, en que se cruzan nuestros instantes y los pájaros levantan vuelo. Si no es en este momento, ahora que la uva pende madura, que lo hemos entregado todo, que la saeta parece apuntar