No es ésta una novela «fácil»: algunos lectores podrían sentirse agredidos por tanto sexo y tan explícito; y otros, por la manera tan cruda de mostrar enfermedades y hospitales. Pero Islas flotantes
En efecto, los versos de estos tres poemarios de Joyce Mansour se construyen mediante articulaciones biográficas cuyo carácter convulso es la causa de la sensación de sacudida que suscitan. El perfil visual que describen estos poemas debe mucho a la intensa vivacidad de tales fulgores (recuerdos). Y al tiempo que depositan su singular sedimento, dibujan un paisaje fundamentalmente nocturno, aunque esto se haga tambien a plena luz. Lo que alumbra este paisaje va a sumar, a los fenomenos luminosos, jirones de un estado de espiritu en el que, en detrimento de todo maniqueismo, se abrazan y se rechazan, se estrangulan y se alivian, se temen la obsesion por la muerte y su angustia, el arrebato carnal y sexual, todavia la inocencia y hasta la candidez, la ternura tambien, el humor, alternativamente oscuro - oscurisimo- y azul, y ese tono a cancioncilla infantil que lo ritma, cargado con todos los atributos del perverso polimorfo. Y, es verdad, un tinte lugubre que, en general, lo tiñe, siendo no obstante celebratorio en una ceremonia en la que se lleva a cabo una liberacion experimentada como un "deseo del deseo sin fin" que sigue -o señala- los dictados del ilimitado juego de su libertad. Esa ceremonia requiere de una prueba necesaria - por elemental- para iniciarse a ella: el grito.( Del epilogo, de Eugenio Castro)