Aunque nacida en Barcelona, Lola Mariné pronto se trasladó a Madrid para cumplir su sueño de ser actriz. Después de vivir con intensidad la “movida madrileña”, regresó a Barcelona y se licenció en Psicología. Tras una larga temporada dedicada al teatro y al doblaje, un reencuentro con amigas de la infancia le hizo recordar que ella siempre había sido la escritora, y fue así como comprendió que su verdadera pasión era escribir, y que a eso quería dedicarse el resto de su vida. "Nunca fuimos a Katmandú" es el primer fruto de esta reencontrada vocación.
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