La autora habla de los dones del Espíritu Santo como la forma de misericordia de Dios más pura, aquella que nos regala sabiendo que nuestra fe es muy difícil, nuestra esperanza muy débil y nuestro amor muy pobre. Una misericordia que nos hace facil creer, esperar y, sobre todo, amar. Casares sabe que nuestro Dios no es un ser ajeno: que hemos vivido y sufrido con El, le hemos oido y sabemos como se ama gracias a El. Los dones del Espiritu Santo son la principal ayuda del cielo para que caminemos seguros por la vida.