Guillermo y Pablo, amigos desde siempre, a quienes el sentido común les dicta que desistan del empeño irracional en el que se embarcan, emprenden, con veinticinco años, un tardío viaje iniciático. Ambos lo conciben como el comienzo de algo y, tambien, como el final de muchas cosas. Sin embargo, como siempre les ha ocurrido, no tienen claro que es lo que se inicia y que lo que acaba. Guillermo, luego, un lustro despues, cuenta este road-book trabajoso, liberador y, necesariamente, irrepetible.Viajan a la playa de sus vacaciones adolescentes, donde pretenden quemar, en una hoguera sanadora, los cuadernos escolares de la infancia. El ritual puede parecer vacio, pero no lo es para ellos, quienes, desde siempre, treparon a arboles inexistentes. Ninguno sabe conducir, pero la realidad jamas planteo para los amigos un obstaculo inabordable, por lo que roban el coche del padre de Pablo, y se incorporan, muy lentamente, al trafico de Buenos Aires.El camino no esta libre de pasajes risueños, porque los acompaña, irremisiblemente, el humor -fatalista siempre- que tantas veces los salvara de morir en oscuros recodos infantiles. Esta vez, no bastaran las risas para ampararlos. Ambos saben, cuando emprenden la marcha que los llevara a la playa de San Bernardo, que hay un viaje del que no se sale indemne. Aun asi, se encaminan hacia la costa inevitable con la alegre ceguera de los niños.
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