Vicente González Olaya ejerce el periodismo en El País, donde es redactor jefe y trabaja desde hace más de tres décadas. Le ha dado tiempo a escribir noticias de ámbito nacional y local, y tratar los temas más variados de política, economía…y en los años más recientes se ha especializado en Arqueología y Patrimonio histórico. Es Primer Premio de Periodismo Reina Cristina (1993) y Premio de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid (1997). Licenciado en Periodismo y Máster en Periodismo de Precisión por la Universidad Autónoma de Madrid (2002), ha desarrollado su carrera profesional, además de en El País, en Antena 3, RNE, Cadena SER y Onda Madrid. Es autor del libro La costurera que encontró un tesoro cuando fue a hacer pis y otras historias de la arqueología en España (Espasa, 2021) y Pequeña historia de los grandes descubrimientos arqueológicos (Espasa, 2025).
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Tesoros de leyenda, yacimientos milenarios, robos y expolios… un recorrido apasionante por los hitos de la arqueología de nuestro paísTesoros de leyenda, yacimientos milenarios, robos y expolios… un
Tesoros de leyenda, yacimientos milenarios, robos y expolios… un recorrido apasionante por los hitos de la arqueología de nuestro paísTesoros de leyenda, yacimientos milenarios, robos y expolios… un
Detrás de cada hallazgo arqueológico se esconde siempre una aventura fascinante. Los arqueólogos son personas inquietas y, sobre todo, curiosas e inconformistas , que necesitan llegar al fondo de cualquier agujero o excavar cualquier monticulo sospechoso de ocultar algun rastro de nuestros antepasados. No buscan el valor material de los objetos, que puede ser enorme y que entregan a los museos, sino ampliar nuestros conocimientos sobre lo que ocurrio mucho antes de que naciesemos. Ese es su verdadero objetivo: estudiar, conservar y aprender del pasado y legarselo a las siguientes generaciones. Parece que fue una curiosa niña de ocho años quien vio los bisontes pintados en el techo de la cueva de Altamira. Otros descubrimientos fueron fruto de la casualidad y sus autores no eran arqueologos, sino campesinos o militares. Todos ellos cobran protagonismo en esta pequeña historia y en las divertidas ilustraciones de Quino Marin . En este libro encontraras descubrimientos, peripecias y anecdotas increibles . Viajaras en el tiempo, desde el momento en que un grupo de cazadores pintaron las cuevas de Altamira hace 30.000 años, y alrededor del mundo, desde el antiguo Egipto hasta los asentamientos vikingos en America del Norte, pasando por Asiria, China o la isla de Pascua.
Detrás de cada hallazgo arqueológico se esconde siempre una aventura fascinante. Los arqueólogos son personas inquietas y, sobre todo, curiosas e inconformistas, que necesitan llegar al fondo de cualquier agujero o excavar cualquier monticulo sospechoso de ocultar algun rastro de nuestros antepasados. No buscan el valor material de los objetos, que puede ser enorme y que entregan a los museos, sino ampliar nuestros conocimientos sobre lo que ocurrio mucho antes de que naciesemos. Ese es su verdadero objetivo: estudiar, conservar y aprender del pasado y legarselo a las siguientes generaciones. Parece que fue una curiosa niña de ocho años quien vio los bisontes pintados en el techo de la cueva de Altamira. Otros descubrimientos fueron fruto de la casualidad y sus autores no eran arqueologos, sino campesinos o militares. Todos ellos cobran protagonismo en esta pequeña historia y en las divertidas ilustraciones de Quino Marin. En este libro encontraras descubrimientos, peripecias y anecdotas increibles. Viajaras en el tiempo, desde el momento en que un grupo de cazadores pintaron las cuevas de Altamira hace 30.000 años, y alrededor del mundo, desde el antiguo Egipto hasta los asentamientos vikingos en America del Norte, pasando por Asiria, China o la isla de Pascua.
España se cuenta también desde los muros de sus castillos y fortalezas: entra y escucha lo que la piedra aún recuerda.Los castillos que jalonan nuestra geografía son una fotografía apasionante del pasado revelada en piedra. Su memoria persiste, y las leyendas tambien. En un tiempo fueron lugar de fiestas pantagruelicas, abrigo de niños correteando por sus pasillos, temibles mazmorras para el enemigo, fortalezas preparadas para la batalla o lugares de descanso imperial.Los personajes que aparecen en estas paginas insuflaron a los castillos un espiritu que aun sobrevive. Isabel I sigue saliendo todos los dias del Salon de Reyes del alcazar segoviano camino a su coronacion, Eugenia de Montijo continua transformando Belmonte en un palacio frances cual chiquilla caprichosa, y aun se oyen los lloros infantiles de la pequeña Constanza de Aragon, encerrada en la ciudadela de Villena, esperando que el infante don Juan Manuel la despose. Son historia de España, de sus guerras, de sus vicisitudes, de sus derrotas y de sus victorias.