Mi historia con este nuestro Xamar viene de antiguo. Tanto como para afirmar que la frescura y hechizo de sus trabajos no tienen nada de artificial o impostado, sino que nacen de una intuición que nos convierte en sus deudores; habituados como estamos a una sociedad de ritmos antinaturales, este libro nos reconcilia con la idea basica de que las cosas importantes son, ante todo, simples. El trabajo de Xamar, asi, no viene a matizar o cuestionar la labor de los llamados Sabios mas bien pretende entrar en otros mundos; el de los niños, los sueños y las cuerdas sin nudos, por ejemplo. A quien con pocas letras se atraganta, este es un libro que indudablemente atrae, al tiempo que tambien sirve como balsamo para quien acaso lee demasiado, y luego enferma de fiebre. No es el de Xamar, por tanto, un trabajo irrelevante, sino que nace de la paciencia y el amor por el idioma, y avanza palabra a palabra, ilustracion a ilustracion, como una obra cincelada con humildad y reposo, a la manera de los escultores del Romanico, que finalmente diseña un espacio a resguardo de la intemperie, no porque nos ofrezca grandes respuestas para las grandes cuestiones, pero si porque nos permite ser nosotros mismos, y asi se nos recuerda que el problema y la solucion estan en uno mismo; la esencia da sentido a la apariencia, y esto se explica y se comprende en el libro de una manera natural. Asi como nunca la divulgacion de basura deberia confundirse con la verdadera divulgacion cientifica, tambien esta se opone, por definicion, a la idea de ciencia selectiva, y ademas sabe conciliar otros aspectos, como por ejemplo la alegria y la seriedad, propias de uno y otro sexo.
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