Contra el castigo plantea una impugnación a la cultura de la punición ampli- amente extendida en nuestra sociedad. Pone el foco en el sistema penal, pero va más allá abarcando otros ámbitos sectoriales y temáticas. La autora argu- menta que la obsesión por el castigo es cortoplacista, genera sufrimiento y contradice la evidencia científica. Ante el preocupante "viento belico y punitivista" actual, el libro propone una coalición garantista que dispute un futuro de esperanza. Se declina una apuesta en positivo: un garantismo republicano. Esta debe construirse desde la fraternidad, anteponiendo derechos sociales sobre la coerción penal. Para transitar caminos antipunitivistas y en común, para explorar la libertad real, para reivindicar la política como posibilidad de crear.