Desde la consolidación de los formas literarias que hoy conocemos —la novela, el poema, el ensayo—, la escritura se ha erigido como forma hegemónica de preservar y transmitir el conocimiento. Sin embargo, mucho antes de que el papel acogiera las palabras, el decir ya habitaba el cuerpo, la voz, el silencio y la naturaleza. Un gesto nacido de lo múltiple que se ha resistido a ser reducido a lo escrito sin perder un ápice de su esencia: la comunicación sustentada en la presencia de los cuerpos y el desbordamiento de los límites.
En "El arte de traspasar la escritura", la poeta e investigadora Sofía Ruvira explora el vínculo existente entre la palabra y aquello que la excede; aquello que surge, como una grieta o una fisura, cuando el lenguaje se niega a permanecer inmóvil. Para ello, elabora una aproximación radical por las lindes más vivas de la expresión: las que conforman la oralitura y las tradiciones no alfabéticas, las que nutren las performances poéticas y los cuerpos que hablan, grafías en la naturaleza atravesadas por la necesidad de significar de otros modos, o su presencia desafiante en los silencios y las ausencias.
Un poético viaje al corpus rebelde de lo literario, que nos acerca a la belleza de las escrituras otras —encarnadas, gritadas, imaginadas— de la mano de figuras como Marina Abramović, Nicanor Parra, Raúl Zurita o Ana Mendieta. También a través de la poesía wayúu, los quipus y movimientos como la Antropofagia brasileña, entre muchas otras referencias del Sur Global y las epistemologías que han resistido a la colonización.
Un bello y urgente alegato sobre el valor incomparable de horadar la escritura como forma esencial de existencia; aquello que la hace, a través de las voces, los cuerpos y los silencios, un gesto eterno, político y transformador.