Faraón se adentra en una de las construcciones de poder más sólidas y duraderas de la Antigüedad: la figura del faraón. Lejos de ser únicamente un monarca absoluto, el rey de Egipto fue concebido como sacerdote supremo, garante del orden cósmico y mediador entre el mundo humano y el divino, una condición que sostuvo durante milenios la estabilidad política, religiosa y simbólica del país del Nilo. A lo largo de un recorrido que abarca desde los orígenes predinásticos hasta el final de la independencia egipcia, David Barreras Martínez y Cristina Durán Gómez analizan la evolución histórica de la monarquía, sus privilegios, sus mecanismos de legitimación y su relación con la sociedad, el clero y el territorio. La obra concede un lugar central a la iconografía regia, entendida como un sistema de representación dotado de eficacia mágico-religiosa y de una clara función política, capaz de convertir la imagen en realidad y la victoria simbólica en triunfo eterno. El resultado es una lectura que combina historia, mito y arte para explicar por qué el faraón fue rey en la Tierra y dios en el Cielo, y cómo esa idea del poder logró presentarse durante siglos como inevitable, sagrada y permanente.
Ingeniero y licenciado en industria alimentaria, es un apasionado por los enigmas de la historia desde que era muy joven. Ha publicado varios artículos científicos y ahora debuta con un ensayo histórico sobre la gestación del Imperio Aragonés, con un claro estilo divulgativo muy cercano al lector.