En 1979, Roland Barthes dijo que Claire Bretécher era “la mejor socióloga del año”. Es que ella analiza con sutileza y humor maneras de estructurar el pensamiento y formas de sentir bajo los dobleces de esas opiniones a veces tramposas en las que nos movemos. Los frustrados tiene reflejos en muchos de nosotros. Por eso es una obra tan genial. Y lo extraordinario es verlo desde la perspectiva de una autora mujer, que nos amplía la mirada para reconocernos en la suya. Una sin solemnidad y cómplice de un lector agudo.
Con esa fuerza y seguridad acerca de su valía como autora, Bretécher se impuso en el mundo de la historieta, abrumadoramente masculino, con su mirada sin idealizaciones sobre sus contemporáneos, delatando miserias y rollos de un grupo de intelectuales de izquierda, que eran lo que ella más conocía. Ser testigo de ese tipo de conversación cara a cara, con ciertos valores en común, que ahora en este tiempo de derechas y depreciación de la cultura se desdibuja, es delicioso, reconfortante y divertido.
Quedan invitados a agarrar este libro y hundirse en el sillón para conversar con Claire, sobre la vida, la cultura, la filosofía y la celulitis, en una de esas charlas íntimas y cómplices que dan tanta risa. Del prólogo de Isol