Rosina, una joven estudiante de cine, deja Madrid con una maleta llena de sueños rotos para volver a su pueblo, Rodiezmo de la Tercia. Situado en la frontera natural entre Asturias y León, allí nada es lo que parece. Las vallas son somieres, los bebederos de las vacas son bañeras viejas y los espantapájaros son CDs rotos. El eco de los estallidos de la guerra permanece atrapado en la montaña que da sombra al pueblo, una figura imponente y totémica de la que nace una niebla oscura, densa, que avanza por el valle amenazante, sabiéndose antropófaga: el Lutano. Una tarde, al descender el Lutano, un hombre camina desnudo y ensangrentado desde las peñas hacia el pueblo. Su llegada sacudirá los cimientos de la comunidad. Raquel Presumido despliega en Lutano todo el potencial de un imaginario ya creado en Ratones en la despensa. Así las historias de las viejas alrededor del fuego, el dolor y la rabia de una guerra aún demasiado cercana y el lado más oscuro de las estructuras del poder impregnan esta historia frenética en la que un valle desindustrializado y arrasado por la modernidad aúlla por sus raíces. En lo alto, los lobos le responden.