En Mi animal preferido eres tú poco importa desentrañar la anécdota personal narrada, ni es imprescindible la comprensión individual de las imágenes con que nos bombardea, al modo de aquellos órganos de Stalin que hostigaban las posiciones nazis. Lo fundamental es la verdad poética que desea transmitir. “Hoy he decidido que no soy una réplica exacta de un ser humano” afirma, y a través de esa búsqueda constante de sí mismo y su autenticidad, unida a la descripción metafórica de su entorno y del devenir histórico en el que se siente inserto, dibuja un retrato atemporal donde el propio autor se incluye, al modo de Velázquez en Las Meninas, contemplando la escena y nuestros rostros estupefactos de actores/ espectadores en el desvaído reflejo del azogue.
Ficha técnica
Editorial: Libros del Mississippi
ISBN: 9788494977244
Idioma: Castellano
Número de páginas: 102
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 01/01/1900
Año de edición: 1900
Plaza de edición: España
Colección:
POESÍA - LOS LIBROS DEL MISSISSIPPI
POESÍA - LOS LIBROS DEL MISSISSIPPI
Número: 9
Alto: 21.0 cm
Ancho: 13.5 cm
Especificaciones del producto
Escrito por Ángel Antonio Herrera
Angel Antonio Herrera (1964) concreta y prorroga un recóndito linaje de poeta que cree en la magia salvaje del idioma, bajo la indagación del azar jubiloso, y, por tanto, del cerrado enigma. Esta antología expone más de tres décadas de esta singladura, donde vive la felicidad del lenguaje libre, entre la partitura de lo radical y la legislación de lo invisible. Ha escrito Antonio Lucas que Herrera es «una isla extrema». Alvaro Pombo agrega: «Se trata de la prosodia aquí, de la elocuencia, del motus animi continuus, de Horacio. Se trata de una excelsa virtud de los poetas clásicos como es Herrera». Diego Doncel nos recuerda que estamos ante «las metáforas de una desobediencia». Barnatán, en el prólogo, ha visto «atrevidos combates de un creador que se propone siempre un nuevo desafío. Así, el autor puede ufanarse de triunfo tras triunfo en sucesivas y autoimpuestas situaciones conflictivas». En todo caso, leer a Herrera es convidarse a un incendio, subir a dañadas lejanías, irse a la catástrofe de la belleza, donde la palabra quiere «oler a loco». V. C.