Pilar no necesita contar sílabas ni rimar... Ella es poesía. Escribe como habla, tiene el don de la palabra, que le brota sin esfuerzo cual manantial de alegría, buen humor y picardía. Si el lector disfrutó de Las vocecillas, querrá seguir disfrutando de estos Monólogos y otras hierbas, que evidencian la capacidad de la autora para destacar lo esencial y ridiculizar lo superfluo, haciend...