Aquellos que han sufrido violencia lo saben: no sé puede hablar de lo que pasó sin que el lenguaje se deshaga. Y no se puede hablar de la violencia sufrida sin el constante examen de uno mismo: ¿Pude evitarlo? ¿Acaso me lo merecía? Dani, el protagonista de No sé hablar del mar, se enfrenta al recuerdo de sus años de infancia y adolescencia para intentar contar aquello que excede a las palabras. Con un lenguaje poético y libre, reconstruye la historia de una familia en Madrid cuyas vidas están atravesadas en lo cotidiano por todos los matices de la violencia: el golpe, el silencio, la manipulación, la complicidad, el grito, la huida, la indiferencia del mundo, Un libro bello pero duro que se resume en una única pregunta: ¿cómo narrar el recuerdo de la violencia?