El odio obviamente es destructor. Su brazo armado es la venganza. El mensaje cristiano del perdón ha introducido un elemento de confusión en lo que antes parecía claro: la venganza era algo sano y terapéutico física y espiritualmente, gozando además de la protección de la divinidad correspondiente. Vengarse era virtuoso, ahora es pecado. El odio y la venganza siempre son sinceros. El perdón a menudo no lo es. Puede ser hipócrita o la coartada de los débiles. Cuando lo es de verdad es algo a respetar. La venganza se confunde con el castigo a que se ha hecho merecedor el odiado enemigo. Cuando lo aplica el Poder se llama justicia, en los demás casos crimen. El ojo por ojo bíblico es venganza y castigo. ¿Hasta dónde pueden llegar el odio y la venganza?. A veces el odio se limita al desprecio. Otras es tan profundo que atraviesa la raya del no matarás. Hay varias maneras de matar: físicamente o de forma imaginada, no por ello menos intensa. En esta novela se plantean los personajes esas alternativas. Artemio Zarco