Los poetas de la China clásica supieron hacer del instante una eternidad, de la contemplación una revelación y del lenguaje un cauce para lo inefable. En esta antología, Édgar Trevizo nos acerca a la esencia de su poesía con una traducción que equilibra rigor y sensibilidad, manteniendo intacto el sabor del original.
Aquí resuenan los versos de Su Tung Po, Wang Wei y Li Po, con su caligrafía libre y su pulso contenido, revelándonos un mundo donde el vino, la luna y las flores no son solo imágenes, sino puertas a otra dimensión del tiempo. Cada poema, en su aparente levedad, es un eco de la vacuidad y un testimonio del arte sutil de nombrar lo inasible.
Una edición que es, en sí misma, un gesto de devoción y un puente entre lenguas, tiempos y sensibilidades.