Tras haber escrito en Provenza el inolvidable Quinteto de Aviñón y dedicado parte de su fértil vida literaria a conocer este laberinto histórico y artístico, Durrell decidió componer esta visión de Provenza para atravesar con nosotros la tierra en que fue concebida la sensibilidad europea. Resultado de la invención griega y romana, bautizada por cátaros y míticos mensajeros de oriente, resuelta en su aura por los trovadores, consolada en las justas poéticas del amor que presidían las mujeres, teatro de sagradas ceremonias taurinas, Provenza guarda el misterio de su gran personalidad. Hay en cada lugar un genio y en cada recodo un espíritu que hacen irrepetible el instante en que la mirada y la memoria lo poseen. Saber ver en los senderos de Provenza esa huella, estar alerta a la extraña música que se derrama sobre un paisaje entrañable, oír la explosión de las flores y el rumor de los arbustos, ver encarnada de nuevo la voz histórica de los poetas provenzales: he aquí la visión de Durrell, sutil redención de un lugar que sería inaccesible sin el consejo literario del gran escritor. En esta obra de madurez, despojada de cualquier manierismo narrativo, comprometida con el canon literario de lo bien hecho, Lawrence Durrell se nos muestra con más hondura y sinceridad que nunca, más contradictorio, arrebatado y actual que en cualquier otro libro de viajes.
Ficha técnica
Traductor: Ana Maria de la Fuente
Prologuista: Elvira de Riquer
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432219276
Idioma: Castellano
Número de páginas: 224
Tiempo de lectura:
5h 17m
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 25/03/1999
Año de edición: 1999
Plaza de edición: Barcelona
Alto: 23.0 cm
Ancho: 13.0 cm
Especificaciones del producto
Escrito por Lawrence Durrell
Se dio a conocer como poeta y novelista en la década de los treinta y obtuvo el primer gran éxito de crítica con El libro negro, escrito en París en 1938. Sin embargo, es El cuarteto de Alejandría, la impresionante tetralogía compuesta por Justine (1957), Balthazar (1958), Mountolive (1958) y Clea (1960), la obra que le convierte en un clásico de nuestro tiempo –debido en buena medida a su exploración de las posibilidades del lenguaje narrativo– y que provocó entusiastas comparaciones del autor con Proust y Faulkner.
El laberinto oscuro (1958), Tunc (1968), o Nunquam (1970) son otros buenos ejemplos de su talento. Con Monsieur o El Príncipe de las Tinieblas (1974) inició un quinteto o, en sus palabras, un quincunce (que completa con Livia, Constance, Sebastian y Quinx) que llevó un paso adelante sus investigaciones narrativas y asentó su obra de madurez. Es autor también de poesía (Poemas completos, 1931-1974, 1980) y de varias obras a medio camino entre el ensayo y el libro de viajes.