¿Se pueden hacer abrigos a medida paseando por la Gran Vía madrileña en la frías noches de los años 50, o bajar la lavabo de un vetusto café y encontrar a un otorrinolaringólogo pasando consulta? ¿Es posible que el dueño de un cine al aire libre de un pueblo de Valencia, en un tórrido mes de agosto, explique a la concurrida confluencia que no pudo ir a la capital a cambiar el NO-DO porque estaba nevando? Se puede y es posible. Son alguno de los recuerdos de juventud de quienes decidieron convertir siete u ocho largas sobremesas en unas memorias heterodoxas.