Historietista y pintor español madrileño, es uno de los grandes maestros del cómic español y europeo. Creador de una abundante, diversa y original obra, como las series como Manos Kelly, Mac Coy o El Cid. Fue el primer autor que dibujó superhéroes en España (un remedo del primer Captain Marvel en la colec-ción El Capitán Maravillas, en 1944).
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En Roncesvalles nos sumergimos en el alto Medievo para disfrutar, en primera fila, de un soberbio fresco histórico sobre la famosa derrota infligida al ejército del rey franco Carlomagno en el año 778 de nuestra Era. En la segunda historia --Garín-- se nos transporta a una plena Edad Media imaginaria, en la que tienen cabida dragones, hadas y tiranos que gobiernan reinos a los que intentará liberar este personaje, antecedente inmediato del más conocido Drako de Gades. El resultado son unas magníficas planchas que habían permanecido inéditas hasta el momento en España y que han vuelto a ser coloreadas por la viuda del autor para resaltar todo su valor artístico. Las dos historias vienen precedidas de un amplio dosier histórico y artístico.
Desde las praderas y mares y desiertos de América, tan presentes en Manos Kelly, a los bosques milenarios de la Castilla medieval que pueden admirarse en El Cid, los maravillosos paisajes dibujados por Palacios no tienen nada que envidiar a los del mismisimo Hal Foster. Los que hemos deambulado gozosamente por esas geografias imaginarias (y, al mismo tiempo, tan reales) agradecemos que fueran concebidas para nuestro solaz y deleite. No hay que olvidar lo dice Prospero en The Tempest que los hombres estamos hechos de la misma materia con la que se tejen los sueños.Luis Alberto de CuencaLas imagenes utilizadas en este libro fueron reproducidas de los originales que fueron amablemente proporcionados por la viuda del dibujante, Carmen Ochoa Arambillet. Desafortunadamente las capas de color de 37 paginas del album Motaña de oro se perdieron y por lo tanto se reproduce aqui con solo la capa de negro. Aunque esto es entristecedor, tambien sirve para apreciar el glorioso lapiz del dibujante.