De Rimbaud a Sid Vicius, de Carson McCullers a Alejandra Pizarnick, Sánchez Ferlosio, Maruja Mallo o John Keats, por las páginas de Vidas de Santos desfilan varias generaciones de seres tan rotos como brillantes. Algunos se extinguieron pronto como furgos artificiales, otros prolongaron sus acrobacias con precario equilibrio. Antonio Lucas, periodista y poeta, inmortaliza a estas pobres criaturas con su verbo afilado y los santifica con su mirada compasiva.
“A estas criaturas las entiendo y asumo como santos. Gentes llagadas, sufrientes, vitalesy extravagantes. Vivieron (algunos lo hacen) al límite de las convenciones. Deflagran lascostumbres respetable