La lucidez del loco, el loco implacable, el loco que no chilla. Los poemas de Carlos Pranger están definitivamente locos, despojados de retórica, de ontología manchada y de efectismos. Son un tratado radical de inteligencia y de latido intimo. Acuden a las plazas publicas y dialogan sin testigos, planean luz y desencanto y no se dejan arrastrar por impostaciones ni esteticas decadentistas. Hay una busqueda de identidad, una avenida propia en la que se dan cita Gerald Brenan, Bukowski o Samuel Beckett sin dejar de salir de la experiencia Pranger, de la experiencia del loco, en la que la literatura es una hendidura mas, como una carretera o una llegada a destiempo: De calles estrechas surge la memoria; / del higado, ejercito de la pureza, / intentan nacer poemas y del paraiso nacen bucales de dos lenguas; esquinas y sangres. No parecen encajar las piezas.
¿Qué tienen en común espléndidas películas como El graduado de Mike Nichols, Jackie Brown de Quentin Tarantino o Mi vida sin mí de Isabel Coixet? Todas ellas están basadas en textos literarios e incluyen un buen puñado de canciones. Sus letras, lejos de constituir un mero adorno, forman parte sustancial del mensaje y contribuyen a conformar el relato filmico junto a la propia literatura. En este ensayo se explican esos casos, ademas de Aunque tu no lo sepas, La flaqueza del bolchevique e Incendies, para que el lector reflexione sobre las letras de las canciones que suenan en las peliculas y se establezca asi un fertil dialogo intermedial.