Junio de 1922. El ministro de Asuntos Exteriores de Alemania es asesinado a tiros delante de un instituto, a plena luz del día, por partidarios de la extrema derecha. Uno de los alumnos que oyen el tiroteo es Dietrich Bonhoeffer, un brillante joven que tendrá que hacer frente, ya desde su etapa de estudiante de teología, a las secuelas de la Gran Guerra, a las penalidades del inminente conflicto en el mundo, y a los problemas que surgirán por su denuncia de los abusos del Tercer Reich y del abandono general de la Iglesia hacia los más perseguidos, él mismo entre ellos. Problemas como la censura de sus publicaciones y sus discursos, que le empujarán a colaborar con el grupo de resistencia militar liderado por el almirante Canaris, y también en la llamada Operación Walkyria. Cuentan con sus contactos ecuménicos para preparar el atentado contra Hitler que podría poner fin a la guerra. Pero un día, Bonhoeffer es acusado de atentar contra Hitler y es encarcelado y juzgado. Vivirá así los bombardeos ingleses sobre Berlín, la vida en prisión, los interrogatorios y complejos conflictos espirituales, en una historia sobre la muerte, el amor, la soledad, la fe; una novela biográfica que nos lleva de Berlín a Roma, de Tubinga a Nueva York, de Barcelona a Münich; una reflexión profunda sobre un mundo perdido hace mucho tiempo, descrito aquí con precisión quirúrgica, pero un mundo donde aún hay sitio para la esperanza, a pesar de los acontecimientos.
A veces me pregunto qué habría escrito Borges en esta época de la Wikipedia y de los mundos virtuales, en que no hace falta falsificar ningún volumen de la Enciclopedia Británica, porque un chaval con un portatil puede crear un Tlon Uqbar con Minecraft sin salir de su habitacion. Pues seguramente Borges habria escrito libros muy parecidos a esta Nave de los locos de Daniel Jandula, un libro de cuentos breve, sustancioso y muy bien escrito. En contra de lo que una mirada superficial podria concluir, ni Borges ni Jandula tienen mucha imaginacion; lo que tienen es mucha cultura, y un buen gusto innato para escoger los temas y relacionarlos. El resultado, paradojicamente, es muy imaginativo, y fantastico, en el sentido mas amplio del termino. Por otra parte, La nave de los locos -tal vez sin pretenderlo- revela algunos miedos y obsesiones de esa generacion, muy compleja, por cierto, que acaba de cumplir los cuarenta. Del mismo modo que la literatura de ciencia ficcion es infalible para conocer no el futuro sino la epoca en que fue escrita, no hay nada mas preciso para conocer el alma del autor, su situacion existencial, que sus relatos inventados. David Monteagudo
Ernst y Ronald son dos hombres de mediana edad que no se conocen entre sí, pero tienen en común una vida normal: aburrida, vacía y llena de despropósitos. Todo puede cambiar cuando aparece una carta, un testamento y un diario donde se describe la relación entre los antepasados de ambos y se habla de un duelo que quedó inconcluso. Deciden ponerse en contacto para reeditarlo, y viajan a Schiermonnikoog, la "isla de los monjes grises": uno de esos lugares lejos de todo que apenas ha sufrido el impacto del ser humano. Después de conocer la historia de los militares Gorin y Willem, asistimos al encuentro de los duelistas del siglo XXI, con sus testigos sorprendentes, en una isla con forma de pistola. Pronto saldrán a la luz confesiones inesperadas y deseos inalcanzables. Una fábula sobre la muerte, el abandono, la libertad y el perdón, repleta de seres extraordinarios, amapolas salvajes y desenlaces asombrosos junto al mar. De los autores que siempre quisieron escribir Cosmética del Enemigo y Madame Bovary, pero en su lugar nos ofrecieron El Reo y Malas noticias