El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo fue la primera y a la postre, única- organización internacional creada con el propósito explícito de corporeizar el nuevo orden político y económico que surgia en Europa despues de 1989 , es decir, una nueva relacion Este-Oeste que sustituia el enfrentamiento entre bloques politicoeconomicos , que habia caracterizado la Guerra Fria, por una cooperacion basada en el consenso en torno a los valores de la democracia pluralista y la economia de mercado. El proyecto del BERD suscito, en sus primeros años, un gran interes en medios politicos y academicos por presentar algunos rasgos ineditos hasta entonces en una institucion financiera internacional, como su condicionamiento politico, su mandato medioambiental o la participacion de la Comunidad Economica Europea como miembro fundador. Sin embargo, el establecimiento de estos innovadores mandatos no se vio acompañado de los medios necesarios para hacerlos eficaces, por lo que, en la practica, las actuaciones del Banco en estos ambitos no han hecho mas que desarrollar o reproducir las decisiones adoptadas en otros foros, como la Union Europea, el G-8 o las instituciones de Bretton Woods. Pese a estas carencias, no obstante, los gestores del BERD han sabido crear, a partir del soporte juridico del Convenio constitutivo, un determinado modelo de institucion de cooperacion al desarrollo, caracterizado por la interaccion directa con todo tipo de operadores publicos y privados, desde Estados y organizaciones internacionales hasta empresas, entidades sin animo de lucro y simples particulares, que ha conseguido un notable exito en su implantacion. Todo ello ha planteado una serie de cuestiones de caracter juridico e institucional, que son las que centran el objeto de este libro. Las condiciones en que se creo el BERD y las diversas opciones que se barajaron en su configuracion institucional; los problemas suscitados por la participacion de la CEE y el BEI, por una parte, y de
La inauguració de la línia ferroviària de Mataró, l’any 1848, representa l’entrada a l’era del ferrocarril de Barcelona i, per extensió, de tota la península Ibèrica. Tanmateix, ja l’any 1800 s’havia