El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo fue la primera y a la postre, única- organización internacional creada con el propósito explícito de corporeizar el nuevo orden político y económico que surgia en Europa despues de 1989 , es decir, una nueva relacion Este-Oeste que sustituia el enfrentamiento entre bloques politicoeconomicos , que habia caracterizado la Guerra Fria, por una cooperacion basada en el consenso en torno a los valores de la democracia pluralista y la economia de mercado. El proyecto del BERD suscito, en sus primeros años, un gran interes en medios politicos y academicos por presentar algunos rasgos ineditos hasta entonces en una institucion financiera internacional, como su condicionamiento politico, su mandato medioambiental o la participacion de la Comunidad Economica Europea como miembro fundador. Sin embargo, el establecimiento de estos innovadores mandatos no se vio acompañado de los medios necesarios para hacerlos eficaces, por lo que, en la practica, las actuaciones del Banco en estos ambitos no han hecho mas que desarrollar o reproducir las decisiones adoptadas en otros foros, como la Union Europea, el G-8 o las instituciones de Bretton Woods. Pese a estas carencias, no obstante, los gestores del BERD han sabido crear, a partir del soporte juridico del Convenio constitutivo, un determinado modelo de institucion de cooperacion al desarrollo, caracterizado por la interaccion directa con todo tipo de operadores publicos y privados, desde Estados y organizaciones internacionales hasta empresas, entidades sin animo de lucro y simples particulares, que ha conseguido un notable exito en su implantacion. Todo ello ha planteado una serie de cuestiones de caracter juridico e institucional, que son las que centran el objeto de este libro. Las condiciones en que se creo el BERD y las diversas opciones que se barajaron en su configuracion institucional; los problemas suscitados por la participacion de la CEE y el BEI, por una parte, y de
With a narrative, almost detective style, Ferran Armengol, addresses the origin of railways in Barcelona, based on many documentary sources and placing them in the political, social and economic circumstances of the first half of the 20th century.The inauguration of the Mataro line in 1848 marked Barcelonas entry into the railway era and, by extension, that of the whole Iberian Peninsula. However, as early as 1800, trials had already been carried out on La Rambla using a system of transport on rails known as the dry canal, conceived by the Barcelona scientist Francesc Salva i Campillo as an alternative to navigation canals.Salvas dry canal and the Mataro railway are, therefore, two of the landmarks that frame the start of the railways in Barcelona, while showing the contrasts the city experienced while Europe and America were going through the transport revolution of the 18th and 19th centuries. Salvas experiment preceded by four decade the debate over replacing navigation canals with railways.The Barcelona-Mataro railway, on the other hand, was built with technology and capital imported from England and arrived when nearly all the countries in Western Europe had started up their first railway lines. Undoubtedly, this time lag stemmed from the economic and political crisis of the Barcelona of the day, but it is no less certain that these initiatives show a society open to the world, connected with European scientific and intellectual circles and linked with other cities in Europe and America through maritime trade.All things considered, the fact that Barcelona witnessed an experiment that was a precursor to the railway and the first railway line in the Iberian Peninsula is not pure coincidence.