Javier Martín de Bustamante, bilbaíno de nacimiento, rondeño sentimental, cántabro por amor y madrileño confeso, dedica la mayor parte de su tiempo a la arquitectura, y el resto al dibujo, el estudio y la búsqueda de la belleza. En su fin de semana perfecto se le podría encontrar con música de Monteverdi de fondo, en la sala de lectura junto a la chimenea, cabeceando una siesta junto a Homero, Borges o Jung. Tras haber disfrutado de un paseo matutino junto a su mujer a la orilla del mar, siempre por la arena mojada de la ola recién retirada, donde las huellas de los pasos se desvanecen a los pocos segundos, dejando apenas un recuerdo efímero en su fracasado intento de inmortalidad. Su tesis doctoral, de la que este libro conserva el título, obtuvo la mención cum laude.
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