Siglo XXX. Un narrador de historias vuelve a la ciudad de su infancia, una ciudad en la que dos núcleos de poder obligan a tomar partido: Calígula, gobernante arbitrario y sin rostro, por un lado; por otro, una organizacion terrorista que elimina a quien no sea sublime sin interrupcion, llevando al extremo el axioma del Charles Baudelaire.
Siglo XXX. Un narrador de historias vuelve a la ciudad de su infancia, una ciudad en la que dos núcleos de poder obligan a tomar partido: Calígula, gobernante arbitrario y sin rostro, por un lado; por otro, una organizacion terrorista que elimina a quien no sea sublime sin interrupcion, llevando al extremo el axioma del Charles Baudelaire.
Un paseo por un continente saturado de cultura y de muertos. Pere siempre en la dirección opuesta, hacia la orilla donde lapidan las identidades.Pere, en la treintena y en los márgenes, es de Gandía, aunque conserva destellos recientes de sí dispersos entre Berlín y Madrid. De Berlín huyó porque es peligroso vivir bien si no se está produciendo nada. De Madrid salió dando un portazo y henchido de pancartas grandilocuentes. Emprenderá un viaje al fin de la noche europea, donde Bruselas es un constructo amable y marginal, y los prejuicios van en busca de razones para contener un turismo todavía imaginario.