Podría decir que nací en escalera y que me tatué a Medusa por el miedo a mirar a los ojos. Podría decir que bailé después de haber estado atada a una cama de clavos de papel. Podría decir que he conseguido calmar a aquellos monstruos que nunca estuvieron debajo de mi cama. Podria decir que las grietas a veces tambien son para respirar los dias impares. Podria decir que hay palabras que reflejan todo lo que en otra vida no pude compartir, y que mis arañazos me recuerdan que mi carne siempre estuvo viva. Podria decir o incluso gritar que he pasado toda mi vida intentando descifrar una carta que yo misma me escribi para no sentirme tan sola. Podria decir que escucho la misma musica que lo hacia en aquella infancia en la que nunca fui niña. Podria decir que estoy en deuda con todas aquellas que entendieron que la fe es ciega, siempre.Pero no voy a hacerlo porque este es mi propio museo de esfuerzos inutiles.
Este libro son varios de mis (d)años. Son
pequeños cristales que con el tiempo se
han convertido en polvo, y que el viento
me ha ayudado a soplar. Los poemas no
están dirigidos a nadie, a alguien
ine