Triste invierno relata en unos versos sencillos, directos y al alcance del ciudadano de a pie las vivencias mundanas de aquellos que tienen que hacer frente a los problemas diarios sin más herramientas que el trabajo y la honestidad. Elena Fernandez pone el dedo en la llaga al marcar la hipocresia de una sociedad que se preocupa mas por las apariencias que por los verdaderos sentimientos de las personas, y, a su vez, se coloca al lado de los que sufren y los que, en la sombra, contribuyen a que un pais prospere, mas alla de los grandes ideales tantas veces vacios de los que nos gobiernan.