Una novela sobre el peso de los fantasmas del pasado y la búsqueda de las raíces. Veinte años después de la muerte de su padre y la bancarrota de su familia, Joe Starling vuelve a Montana, su tierra natal. Antes estudio en Yale, conquisto cierta fama en Nueva York como pintor y, secas las fuentes de la inspiracion, acabo ilustrando catalogos de artefactos absurdos para un excentrico empresario. Hasta que una mañana, en plena crisis de los treinta y tantos años, Joe coge el descapotable color rosa de Astrid, su amante cubana, y regresa a Montana en una alegremente desesperada busqueda de sus raices, de su identidad perdida, de los restos de la fortuna familiar, y quiza hasta de aquello que un dia le impulsara a pintar, y luego le abandonara.La vuelta a casa, la imposible vuelta a casa de tantas odiseas americanas, resucita algunos sencillos placeres del pasado: la alegria de cabalgar por el antiguo rancho de su padre al atardecer, la contemplacion de la nada sofisticada belleza de su primera novia, e incluso las peleas con su rival de entonces y de ahora. Joe empieza a soñar con un nuevo comienzo, con la posibilidad de vivir una vida que no fue. Pero muy pronto los fantasmas familiares de los vivos y de los muertos, la dura realidad del dinero y la llegada de su imprevisible amante cubana, le devuelven al ineludible fluir del tiempo, al insoslayable presente.
Set in Key West--the nation's extreme limit--this is the story of a man seeking refuge from a world of drug addiction by becoming a skiff guide for tourists--even though a tough competitor threatens
The result is a ruefully funny novel of embattled manhood, set in the country that McGuane has made his own: a Montana where cowboys slug it out with speculators, a cattleman's best friend may be his insurance broker, and love and fishing are the only consolations that last.
As a citizen, Nicholas Payne is not in the least solid. As a boyfriend, he is nothing short of disastrous and his latest flame, the patrician Ann Fitzgerald, has done the wise thing by dropping him. But she has reckoned without Nicholas's extraordinary persistence.