Desde hace años, la autora observa que el cuerpo guarda historias que muchas veces no han podido expresarse con palabras. Cada tensión, cada forma, cada movimiento, habla de lo que somos y de lo que hemos vivido. Aprender a leer el cuerpo se ha convertido para ella en una puerta de acceso al inconsciente, a esos relatos invisibles que buscan ser comprendidos y liberados.