Entre el diario sentimental, casi erótico, y el álbum alucinógeno, Donde las diablas bailan boleros es una celebración del extravío de los sentidos y un homenaje al verano de la vida, con la bella, sexual y estupefaciente ciudad de La Habana de fondo. Este múltiple y unitario poema en prosa, fértil en imágenes y ritmado como un largo canto reiterante, es un mapa del corazón clandestino y un inventario del viajero que sale a la noche a buscarse a sí mismo, entre el romanticismo y el malditismo. Un insólito libro, en fin, que se quiere a un tiempo deudor del peligro de los placeres y de los daños de la añoranza. Ángel Antonio Herrera (Madrid, 1965) ha cultivado la poesía con los títulos El demonio de la analogía (1984-86), En palacios de la culpa (1986-88), Te debo el olvido (1997-98) y El sur del solitario (Poesía 1984-2000). Paralelamente, ha publicado la biografía Francisco Umbral, el ensayo erótico El falo y la novela Cuando fui Claudia, entre otros libros de diverso género. Herrera lleva casi veinte años dedicado al periodismo, donde es uno de los cronistas más vivos del momento. Columnista de la revista Interviú y del diario El Mundo, es también tertuliano del magacine Día a día, en Tele 5.
Ficha técnica
Editorial: Calambur Editorial, S.L.
ISBN: 9788496049512
Idioma: Castellano
Número de páginas: 64
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 28/04/2004
Año de edición: 2004
Plaza de edición: Madrid
Número: 43
Alto: 22.5 cm
Ancho: 14.0 cm
Peso: 120.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por Ángel Antonio Herrera
Angel Antonio Herrera (1964) concreta y prorroga un recóndito linaje de poeta que cree en la magia salvaje del idioma, bajo la indagación del azar jubiloso, y, por tanto, del cerrado enigma. Esta antología expone más de tres décadas de esta singladura, donde vive la felicidad del lenguaje libre, entre la partitura de lo radical y la legislación de lo invisible. Ha escrito Antonio Lucas que Herrera es «una isla extrema». Alvaro Pombo agrega: «Se trata de la prosodia aquí, de la elocuencia, del motus animi continuus, de Horacio. Se trata de una excelsa virtud de los poetas clásicos como es Herrera». Diego Doncel nos recuerda que estamos ante «las metáforas de una desobediencia». Barnatán, en el prólogo, ha visto «atrevidos combates de un creador que se propone siempre un nuevo desafío. Así, el autor puede ufanarse de triunfo tras triunfo en sucesivas y autoimpuestas situaciones conflictivas». En todo caso, leer a Herrera es convidarse a un incendio, subir a dañadas lejanías, irse a la catástrofe de la belleza, donde la palabra quiere «oler a loco». V. C.