Este ensayo parte de una constatación incómoda: la democracia liberal puede degradarse sin dejar de celebrar elecciones ni de invocar los derechos, cuando su vocabulario se convierte en arma identitaria de bloque. A partir del caso español reciente, se analizan el uso inflacionario del antifascismo, la retórica sobre los derechos sociales, los tabúes en torno a inmigración y delincuencia y la expansión de los delitos de odio, poniendo en diálogo teoría política, criminología y derecho. El foco no está en dirimir quien tiene razón en cada polemica, sino en mostrar cómo la manipulación de estos lenguajes deteriora la confianza, vacía de contenido los valores cívicos y facilita el avance de proyectos iliberales. Frente a ello, este libro propone una defensa exigente de la democracia liberal basada en la etica de la responsabilidad, el respeto al adversario y la reconstrucción de un mínimo de reglas compartidas.