Aunque a la ciudad de Madrid se le han atribuido posibles orígenes troyanos, algún cronista se atrevió a asignarla un germen mucho más probable: romano o visigodo. Lo que fuese antes que imputar a la nueva capital del imperio de Felipe II una fundación a cargo del odiado enemigo y rival del credo mahometano. Y sin embargo, la arqueología ha constatado que los más antiguos vestigios descubiertos en la ciudad de Madrid, en las colinas que iniciaron su singladura, Palacio/Almudena y Las Vistillas, son de época ineludiblemente andalusí.