Montados en una bicicleta destartalada, Jaime y Manuel salen cada día a buscar a su padre. No lo hacen por nostalgia o cariño, sino para que les devuelva aquello que les dijeron que era importante: el título de hombre de la casa.
En ese ida y vuelta con Jaime al manubrio, a pesar de su única mano, y Manuel detrás, empuñando su gomera con precisión letal van encontrando una serie de pistas que les completan, poco a poco, la verdad de una vida que ningún niño debería comprender. A través de la mirada descarnada de Manuel y su manera singular de ver un mundo gobernado por la violencia, el vicioa cada paso, la gracia sobre lo indecible, seremos testigos de una historia marcada por la crueldad de un contrato social endeble. Con prosa sórdida y poderosa, Luis Mey presenta un relato brutal sobre la inocencia perdida, los lazos que nos lastiman y la resiliencia de dos almas jóvenes enfrentadas prematuramente a un infierno que los adultos ya han aceptado como inevitable.